
Antes hablábamos de dinámicas. Pasa una cosa, le prestas atención, y de repente, en los días siguientes, esas misma cosa (o en parecidas versiones) se repite una y otra vez. Pasó con la tragedia de los jóvenes que perdieron un ojo a causa de pelotazos de goma en las celebraciones del Barça (tres en 15 días, cuando desde el 2004 no había un caso así en toda España) y pasa ahora con los chinos.
A la tremebunda operación Wei (750 mossos: investigadores, brimos y arros) contra la mafia china que ha creado un submundo de explotación en Mataró, le ha seguido otra operación del Cuerpo Nacional de Policía contra una mafia mundial de carding (falsificadores de tarjetas de crédito). Por si eso fuera poco, apenas una hora después de que se anuncie la operación Petronas, la Guardia Civil informa de que se ha incautado de cuatro contendores repletitos de cinturones y bolsos falsificados de la marca Diesel.
¿Coincidencia o maniobra del tipo "pues yo más"? Yo creo más bien en esas dinámicas de la que hablábamos antes. Cuando algo se pone de moda, se repite hasta que te agota. Ninguna de las tres operaciones puede prepararse de la noche a la mañana para poder salir a la palestra y así aguarle la fiesta al otro cuerpo policial.
En cualquier caso, más allá de este dilema, la cuestión es otra: el submundo criminal chino ha echado raíces en Catalunya. Aunque nadie se atreve todavía a hablar de tríadas, lo que sí es cierto es que el hampa oriental instalada aquí está ampliando el abanico de delitos al que se dedica.
Y no solo eso. Tal y como me explicaron ayer fuentes de la Guardia Civil, si se tuvieran que repartir los bolsos incautados solo en las dos últimas operaciones contra la mafia china de la falsificación, a cada mujer de Catalunya le tocarían dos o tres ejemplares. Conclusión, querido Watson: que Catalunya no es el mercado de ese material, sino la puerta de entrada a la UE de una corriente de dimensiones oceánicas de productos falsificados.
En su excelente libro Gomorra, Saviano habla de que el puerto de Nápoles es la vía de entrada a territorio europeo de esas mercancías chinas. Quizás las cosas hayan cambiado
A la tremebunda operación Wei (750 mossos: investigadores, brimos y arros) contra la mafia china que ha creado un submundo de explotación en Mataró, le ha seguido otra operación del Cuerpo Nacional de Policía contra una mafia mundial de carding (falsificadores de tarjetas de crédito). Por si eso fuera poco, apenas una hora después de que se anuncie la operación Petronas, la Guardia Civil informa de que se ha incautado de cuatro contendores repletitos de cinturones y bolsos falsificados de la marca Diesel.
¿Coincidencia o maniobra del tipo "pues yo más"? Yo creo más bien en esas dinámicas de la que hablábamos antes. Cuando algo se pone de moda, se repite hasta que te agota. Ninguna de las tres operaciones puede prepararse de la noche a la mañana para poder salir a la palestra y así aguarle la fiesta al otro cuerpo policial.
En cualquier caso, más allá de este dilema, la cuestión es otra: el submundo criminal chino ha echado raíces en Catalunya. Aunque nadie se atreve todavía a hablar de tríadas, lo que sí es cierto es que el hampa oriental instalada aquí está ampliando el abanico de delitos al que se dedica.
Y no solo eso. Tal y como me explicaron ayer fuentes de la Guardia Civil, si se tuvieran que repartir los bolsos incautados solo en las dos últimas operaciones contra la mafia china de la falsificación, a cada mujer de Catalunya le tocarían dos o tres ejemplares. Conclusión, querido Watson: que Catalunya no es el mercado de ese material, sino la puerta de entrada a la UE de una corriente de dimensiones oceánicas de productos falsificados.
En su excelente libro Gomorra, Saviano habla de que el puerto de Nápoles es la vía de entrada a territorio europeo de esas mercancías chinas. Quizás las cosas hayan cambiado

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