jueves, 18 de junio de 2009

Ojo...por ojo


El periodismo te enseña que, en la realidad, son muchos los fenómenos que funcionan por dinámicas. Es como si prestar mucha atención a algo generara una multiplicación de ese fenómeno. Los ejemplos abundan (y suelen ser dolorosos): un joven denuncia que los mossos le han reventado un ojo con una pelota de goma. Hacía cuatro años que en España a un manifestante no le hacían estallar el globo ocular de un pelotazo. Pues bien, en tres semanas de celebraciones de victorias del Barça, otros dos jóvenes pierden un ojo. En realidad, la masa ocular no la pierden del todo. Lo que sí queda irremisiblemente dañado es la visión.

¿Es mala suerte? ¿Es mala fe? ¿Es mala puntería? Es difícil encontrar la respuesta a una realidad dolorosa: tres chavales han perdido la visión.

Las reacciones, como siempre que hablamos de los Mossos d'Esquadra, han sido viscerales. En algunas ocasiones se les ha puesto de inñutiles y poco profesionales, obviando de forma torticera la tremenda violencia con la que actuaban los alborotadores. Durante casi tres horas sufrieron el lanzamiento, no solo de piedras o botellas (como si estas no dolieran), sino también de navajas, cojinetes de acero (lanzados con tirador), martillos, llaves inglesas, trozos de semáforo y hasta una A de Zara que arrancaron de la tienda.

Y luego, como siempre esté el otro extremo. Un columnista llegó a señalar que bien podía ser que los tres jóvenes que perdieron los ojos formaran parte de la tropa de energúmenos que se plantó allí en busca de bronca con los mossos. Toma ya. Como, en un remedo de la ley islámica que establece que al ladrón hay que cortarle la mano, al alborotador hay que reventarle un ojo. Un poquito de por favor, hombre.

En mi opinión, en esa operación se mezcló una parte de mala suerte con una serie de actuaciones poco correctas de los agentes de la Brimo, que en ocasiones se lanzaron a dispersar con pelotazos de goma en zonas alejadas de la plaza Catalunya y a disparar las bolas sin respetar los 50 metros de distancia de seguridad.

En cuanto al debate de si pelotas sí o no, dos observaciones.

La primera: La explicación esta de que las bolas tienen un diámetro que impide que entre en la órbita ocular y cause daños graves en los ojos, tal y como dicen todos los cuerpos de seguridad, no se aguanta. Para destrozar un ojo, no hace falta llegar al fondo de la órbita, pues el globo ocular sobresale.

La segunda: Debe quedar claro que con una pelota de goma es muy difícil apuntar. La superficie de rozamiento del proyectil es muy grande, con lo que es muy sensible al roce con el aire. Además, sale de la bocacha, y no de un cañón. El resultado es que, una vez la dispara, puede ir a cualquier sitio.


En cualquier caso, a los de los ojos, ánimo chavales
En cualquier caso, a los de la Brimo, ánimo y tened más cuidado
En cualquier caso, a los chungos alborotadores, hay medios más placenteros para desahogarse

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