martes, 7 de julio de 2009

narco roba narco


Perro no come perro. Eso dice un refrán que, sin embargo, no vale para el mundo de los narcotraficantes que operan en Catalunya. Ahí, perro sí como perro. Y cada vez más. Las fuerzas de seguridad han constatado como hay cada vez más bandas de narcotraficantes que se dedican a robarles las partidas de drogas a otros narcos (si les pueden pillar además dinero, pues mejor).


Cuando se plantea un tema como este, suele aparecer el siguiente argumento: "Que se maten entre ellos, tanto mejor para el resto". Esa apreciación es un grave error. El aumento de los robos entre bandas supone la génesis de un círculo vicioso de atracos y ajustes de cuentas que dispara el recurso a la violencia.


En los últimos dos meses, en la provincia de Barcelona ya han sido acribilladas a tiros dos personas envueltas en robos de droga a grupos rivales. Además, en las últimas grandes organizaciones de narcos desmanteladas se ha detectado la presencia de miembros dedicados en exclusiva al robo a otros grupos.


Todo eso, tal y como nos señalan fuentes de la lucha antidroga, ha llevado a que los narcos que operan en Catalunya actualmente vayan armados y prestos a apretar el gatillo a la primera que ven algo sospechoso.


¿Qué empuia a una banda a robar la droga a otro banda? La respuesta hay que buscarla en el deseo de comercializar uno mismo la droga que vende otro. Pues no todo el mundo que quiere vender droga tiene acceso a la mercancía. Para que los cárteles colombianos y mexicanos acepten enviarte una partida de droga es necesario disponer de dinero para comprársela o de ser de su estrecha confianza. Y no todos cumplen esos requisitos. Por eso es mejor buscar a quien ya vende la droga y quitársela


Si quien roba a un ladron tiebe 100 años de perdón. ¿cuántos tiene el que roba a un narco?


http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=625184&idseccio_PK=1021&h







martes, 30 de junio de 2009

El radar de Santaló


La realidad es como un radar. Va enviando señales. Eso sí, hay que saber leerlas o querer hacerlo. Pero las señales están ahí, parpadeando, indicándonos lo que se avecina tras la próxima esquina del tiempo o lo que hay oculto bajo la alfombra de la sociedad.


La resolución del 'caso Santaló' es uno de esos puntos rojos (o verdes) parpadeantes a los que se debería prestar atención más allá de la acción policial. Primero porque, no seamos hipócritas, todo el mundo piensa que cuando a alguien le dispara por la espalda un asesino a sueldo es que algo turbio colea en su vida. El pobre Félix Martínez Touriño no escapó a esa triste norma. Se especuló con que en su vida como ejecutivo había flirteado con la mafia rusa, el submundo de la prostitución, los usureros... Es doloroso enunciarlo así, pero se aplicó la lógica del "algo habría hecho".


Al final, los agentes responsables de la investigación, que han tenido que bucear en la existencia de la víctima para dar con los asesinos, han constatado como Félix Martínez Touriño llevaba una vida "intachable". Simplemente, había accedido a un cargo y había descubierto que uno de sus subordinados empleaba el Centro de Convenciones Internacionales de Barcelona (CCIB) para lucrarse con negocios turbios.


La luz roja está ahí. Precisamente en el asesinato de un hombre sin tacha a manos de un sicario. Aún es pronto para decirlo, pero habrá que ver si este asesinato pone fin a la era en que los únicos que morían a manos de sicarios en España eran narcotraficantes.


Y no es la única señal. Hay otra: está en el comportamiento de quien ordena el asesinato. Ordenar la ejecución de tu jefe solo porque te aparta del puesto o te despide (aunque eso haga que vayas a dejar de ganar mucho dinero) es una acción de la que en España no hay apenas precedentes. Indica el aterrizaje de una nueva cultura de la venganza. Ni amenazas telefónicas, ni piernas rotas. Todo se reduce a matar, convirtiendo la muerte en algo normal y fácil, en el único castigo realmente eficaz, en la única señal clara.

sábado, 20 de junio de 2009

Wei no se traduce en "fiasco"




Todos a la calle. Los 77 chinos detenidos el martes fueron puestos ayer en libertad por la juez de instrucción de Mataró que lleva el caso. Todos, eso sí, salen con cargos pues han quedado imputados por un delito contra el derecho de los trabajadores. Deben entregar los pasaportes, se les prohibe salir de España y cada día 15 han de personarse en comisaría.

A bote pronto, muchos pensarán que la mayor operación policial de la historia de los mossos ha sido un fiasco. Cero detenidos tras movilizar a 750 mossos, 20 secretarios judicial, 40 traductores sabe a poco. Es obvio negarlo.

Pero, como todo en la vida, es bueno no quedarse en las primeras impresiones. Yo, que en muchas ocasiones me he mostrado muy crítico con las actuaciones de los Mossos d'Esquadra, quiero dejar aquí constancia que, en mi opinión, esta Operación Wei no ha acabado en fiasco.

Varios son los motivos que me invitan a decir esto.

Primero: la Operación Wei no era un fin en sí mismo, sino la primera fase de una ofensiva a medio plazo contra las tramas mafiosas chinas de tráfico de inmigrantes y explotación de trabajadores. Que la mayoría de chinos que se encontraban allí sometidos a un régimen de semiesclavitud no se sentían víctimas de nada y que incluso se sentían agradecidos a los Cabezas de Serpiente (coyotes en versión china) por haberles traído a España no cambia nada. Su situación era la que era. Y punto.

Segundo: la Operación Wei ha golpeado el submundo de explotación que se había desarrollado en Mataró. Eso, en mi juicio, es el gran logro de este operativo. Esa sociedad paralela ha sido neutralizada (al menos de momento) y exhibida en público (el mejor modo de acabar con la impunidad). Ahora, es tarea de la policía catalana evitar que esos (malos) modos laborales se rehagan. Por tanto, deberán estar muy atentos a que los talleres que reanuden su actividad se ajusten a la legalidad. Si los Mossos dejan que lo que pasaba vuelva a suceder, entonces sí que la Operación Wei no habrá servido para nada.

Tercero: por favor señores mossos, sigan el rastro de las empresas que encargaban esa ropa. Como en el tráfico de drogas, de armas o la trata de blancas, la explotación laboral existe porque hay demanda. Si puedo producir casi tan barato como en China, con la productividad de China y sin tener que pagar el transporte desde China,...para qué ir a China pudiendo subcontratar en Mataró.

viernes, 19 de junio de 2009

como blogero vuestro que soy...

...os debo una explicación y esa explicación que os debo...os la voy a dar. Bueno, parafraseando en versión digital el genial parlamento de Pepe Isbert en Bienvenido míster Marshall, creo que es de recibo explicar qué pretendo con esta bitácora. La intención surge de una constatación objetiva: la acumulación de operaciones en Catalunya contra tipo de organizaciones criminales.

En lo que va de año, en Catalunya han caído decenas de personas vinculadas al tráfico de cocaína, heroína o hachís; delincuentes especializados en robar coches de lujo, en robas motos y hasta en robar furgonetas; se han producido al menos dos asesinatos cometidos por sicarias; se ha detenido a media docena de importantes capos mafiosos, entre ellos un par de la camorra napolitana y uno de la mafia serbia; y la lista sigue con arrestados por phishing y carding, por falsificar pasaportes, por tener almacenados millones de euros en copias de grandes marcas, por cometer estafas con billetes de un billón de dólares...

Han sido desmanteladas mafias colombianas, chinas, portuguesas, venezolanas, serbias, rumanas, albanesas, marroquís, búlgaras, argelinas, rusas... Además de un montón de nacionales que están creando sus propias redes bien "nostrades".

Uf, uf, dejadme que tome aire. Todo junto abulta mucho y muestra que Catalunya, por su posicíón geográfica y su sistema legal garantista, es un destino privilegiado para venir, vivir y delinquir.

Así que este blog parte de la intención de contextualizar ese fenómeno.

Secuelas de la Operación Wei


Antes hablábamos de dinámicas. Pasa una cosa, le prestas atención, y de repente, en los días siguientes, esas misma cosa (o en parecidas versiones) se repite una y otra vez. Pasó con la tragedia de los jóvenes que perdieron un ojo a causa de pelotazos de goma en las celebraciones del Barça (tres en 15 días, cuando desde el 2004 no había un caso así en toda España) y pasa ahora con los chinos.

A la tremebunda operación Wei (750 mossos: investigadores, brimos y arros) contra la mafia china que ha creado un submundo de explotación en Mataró, le ha seguido otra operación del Cuerpo Nacional de Policía contra una mafia mundial de carding (falsificadores de tarjetas de crédito). Por si eso fuera poco, apenas una hora después de que se anuncie la operación Petronas, la Guardia Civil informa de que se ha incautado de cuatro contendores repletitos de cinturones y bolsos falsificados de la marca Diesel.

¿Coincidencia o maniobra del tipo "pues yo más"? Yo creo más bien en esas dinámicas de la que hablábamos antes. Cuando algo se pone de moda, se repite hasta que te agota. Ninguna de las tres operaciones puede prepararse de la noche a la mañana para poder salir a la palestra y así aguarle la fiesta al otro cuerpo policial.

En cualquier caso, más allá de este dilema, la cuestión es otra: el submundo criminal chino ha echado raíces en Catalunya. Aunque nadie se atreve todavía a hablar de tríadas, lo que sí es cierto es que el hampa oriental instalada aquí está ampliando el abanico de delitos al que se dedica.

Y no solo eso. Tal y como me explicaron ayer fuentes de la Guardia Civil, si se tuvieran que repartir los bolsos incautados solo en las dos últimas operaciones contra la mafia china de la falsificación, a cada mujer de Catalunya le tocarían dos o tres ejemplares. Conclusión, querido Watson: que Catalunya no es el mercado de ese material, sino la puerta de entrada a la UE de una corriente de dimensiones oceánicas de productos falsificados.

En su excelente libro Gomorra, Saviano habla de que el puerto de Nápoles es la vía de entrada a territorio europeo de esas mercancías chinas. Quizás las cosas hayan cambiado

jueves, 18 de junio de 2009

Para Gaspar...


Aunque se llama Javier, entre los plumillas de sucesos de Barcelona, todos le conocen como Gaspar. Hasta hace poco, este guardia formaba parte del equipo de relaciones con la prensa de la comandancia de la Guardia Civil en Catalunya.

Para muchos de nosotros, Gaspar era el jefe de prensa ideal. Te ayudaba siempre que podía; te buscaba siempre algún detalle que, con la condición de que no interfiriera la investigación, te permitiera completar la historia; batallaba con sus superiores hasta conseguir la autorización para que pudieras hablar con el oficial a cargo de la investigación que te interesaba. Tú acababas sacando un buen material periodístico y él lograba su mayor premio: que sus queridos compañeros de la Guardia Civil que se habían partido la cara en la investigación vieran como los medios de comunicación se hacían eco de su labor.

Por desgracia, durante el proceso de una instrucción judicial, su nombre ja sido salpicado. Sin embargo, como todos los que le conocen sabían que no podía ser de otra manera, los cargos contra él han sido archivados. Su nombre ha quedado limpio. Sin embargo, la Guardia Civil le ha apartado de su puesto. Quien haya decidido esto se equivoca. Pocos hombres tan leales como Gaspar hay en esta sociedad.

Desde aquí, un fuerte abrazo

Ojo...por ojo


El periodismo te enseña que, en la realidad, son muchos los fenómenos que funcionan por dinámicas. Es como si prestar mucha atención a algo generara una multiplicación de ese fenómeno. Los ejemplos abundan (y suelen ser dolorosos): un joven denuncia que los mossos le han reventado un ojo con una pelota de goma. Hacía cuatro años que en España a un manifestante no le hacían estallar el globo ocular de un pelotazo. Pues bien, en tres semanas de celebraciones de victorias del Barça, otros dos jóvenes pierden un ojo. En realidad, la masa ocular no la pierden del todo. Lo que sí queda irremisiblemente dañado es la visión.

¿Es mala suerte? ¿Es mala fe? ¿Es mala puntería? Es difícil encontrar la respuesta a una realidad dolorosa: tres chavales han perdido la visión.

Las reacciones, como siempre que hablamos de los Mossos d'Esquadra, han sido viscerales. En algunas ocasiones se les ha puesto de inñutiles y poco profesionales, obviando de forma torticera la tremenda violencia con la que actuaban los alborotadores. Durante casi tres horas sufrieron el lanzamiento, no solo de piedras o botellas (como si estas no dolieran), sino también de navajas, cojinetes de acero (lanzados con tirador), martillos, llaves inglesas, trozos de semáforo y hasta una A de Zara que arrancaron de la tienda.

Y luego, como siempre esté el otro extremo. Un columnista llegó a señalar que bien podía ser que los tres jóvenes que perdieron los ojos formaran parte de la tropa de energúmenos que se plantó allí en busca de bronca con los mossos. Toma ya. Como, en un remedo de la ley islámica que establece que al ladrón hay que cortarle la mano, al alborotador hay que reventarle un ojo. Un poquito de por favor, hombre.

En mi opinión, en esa operación se mezcló una parte de mala suerte con una serie de actuaciones poco correctas de los agentes de la Brimo, que en ocasiones se lanzaron a dispersar con pelotazos de goma en zonas alejadas de la plaza Catalunya y a disparar las bolas sin respetar los 50 metros de distancia de seguridad.

En cuanto al debate de si pelotas sí o no, dos observaciones.

La primera: La explicación esta de que las bolas tienen un diámetro que impide que entre en la órbita ocular y cause daños graves en los ojos, tal y como dicen todos los cuerpos de seguridad, no se aguanta. Para destrozar un ojo, no hace falta llegar al fondo de la órbita, pues el globo ocular sobresale.

La segunda: Debe quedar claro que con una pelota de goma es muy difícil apuntar. La superficie de rozamiento del proyectil es muy grande, con lo que es muy sensible al roce con el aire. Además, sale de la bocacha, y no de un cañón. El resultado es que, una vez la dispara, puede ir a cualquier sitio.


En cualquier caso, a los de los ojos, ánimo chavales
En cualquier caso, a los de la Brimo, ánimo y tened más cuidado
En cualquier caso, a los chungos alborotadores, hay medios más placenteros para desahogarse